Aquí también tuvimos atención de primera, con cubiertos de metal y nada de plástico, con menú a elección y siempre con hermosas azafatas que manejan muchos idiomas. El vuelo fue muy tranquilo, hasta que llegamos frente a las costas africanas, donde nos cruzamos con fuerte turbulencia, por más de una hora; por consiguiente hubo caras de angustia y algunos gritos, sobre todo en una caída de un pozo de largos segundos. Pero como nada dura una eternidad, sobrepasado la mala pasada, arribamos a Frankfurt sin novedades. Una vez desembarcados y revisados nuevamente por policía Internacional, en vez de revisado algunos sufrimos un ataque violento de manoseo y excesivo control, ya fuese hombre o mujer.
Pasado el mal transe, cambiamos moneda y en forma simple nos chequearon pasaporte y tomamos un subte hasta el centro de Frankfurt. Alli pasamos la tarde con una temperatura de entre 3 a 6 grados solamente, sobre todo a orilla del Rin. Almorzamos salchichas con cerveza y estaban exquisitas. Después no aguantamos más el frío y nos metimos a un restaurante muy típico a tomar cerveza y estirar el tiempo, realmente el lugar es alucinante, parecía que estábamos en el medioevo, el lugar es frente a la plaza mayor. Los alemanes poco fríos, pero a la vez simpáticos, además todos hablan inglés por lo tanto la interrelación es muy amena y sencilla.
La verdad me hubiese quedado mucho más tiempo, quedaraá para un futuro, ya que mi meta es China por ahora.
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